El embalse de Mazar roza su nivel crítico de operación en Ecuador

La situación del sistema eléctrico en Ecuador entra en una fase de extrema vigilancia. El embalse de Mazar, la reserva de agua más estratégica para la generación hidroeléctrica del país, registró el pasado lunes 12 de octubre su cota más baja en lo que va del año 2026, situándose en los 2.124,99 metros sobre el nivel del mar (msnm). Aunque este martes 13 de octubre reportó un leve incremento técnico de 22 centímetros para ubicarse en los 2.125,26 msnm, el reservorio permanece en una situación sumamente vulnerable.

Con estas mediciones actuales, el nivel del agua se encuentra a poco más de 10 metros del límite mínimo de operación segura, fijado por las autoridades en los 2.115 msnm. Descender más allá de ese punto inhabilitaría la infraestructura para evitar que el lodo y los sedimentos acumulados en el fondo succionen y dañen de forma severa las turbinas de la central.

La alta preocupación radica en el papel regulador que cumple este embalse. Mazar no solo abastece a su propia central (170 MW), sino que inyecta agua en cascada a las plantas de Paute-Molino y Sopladora. En conjunto, este complejo hidroeléctrico, denominado Paute Integral, aporta cerca del 40 % de la energía que consume todo el territorio nacional.

A pesar de las severas restricciones eléctricas que el Gobierno ha comenzado a aplicar al sector industrial (con desconexiones programadas para grandes consumidores y empresas de alto voltaje para mitigar el consumo), la escasez de lluvias sostenidas en la región austral continúa desgastando las reservas hídricas. De no registrarse un cambio climático significativo con precipitaciones constantes en las cuencas andinas, analistas y técnicos advierten que el complejo podría aproximarse a su punto crítico definitivo hacia la tercera semana de octubre, lo que obligaría a reconfigurar las medidas de abastecimiento eléctrico en el país.